Si hay algo que me ha llamado la atención en el GP de Brasil de Fórmula 1ha sido el público que ha asistido al circuito. A torçida ha vuelto a demostrar que han sido, son y serán la aficción que más vive la F1. Creo que es la primera vez que en televisión se escucha a las gradas por encima del ruido de los monoplazas, llegando casi a dejar en un susurro al coche de Massa a sus paso por las gradas. Aunque no es algo nuevo. Interlagos siempre es una fiesta de la F1de la que tendrían que aprender en otros deportes. Para un pueblo como el brasileño, con una gran tradición automovilística, el fútbol y la Fórmula 1 son casi religiones que hacen que se puedan evadir durante un tiempo de las penurias en las que vive la mayoría de la población.
Aún así, llevaban en Brasil mucho tiempo esperando a ver a uno de los suyos luchar por el mundial. Desde los tiempos del gran Ayrton Senna nadie había tenido ocasión real de ser campeón del mundo habiendo nacido en el país del ordem e progresso. Ésto, unido a que el candidato es de Ferrari (Brasil es ferrarista) y que la carrera decisiva es en casa han creado un espectáculo en las gradas digno sólo de los grandes acontecimientos. Porque para ellos es una ocasión histórica de encontrar al sucesor de Fittipaldi, Piquet y Senna, por muchos obstáculos que tenga que superar mañana en la carrera. Un héroe nacional al que idolatrar como a su nuevo profeta, del que están huérfanos desde que Ayrton ocupara su lugar como Dios en el cielo.
Mañana nos espera un gran espectáculo, sea cuál sea el resultado; pero si gana Massa la torçida tendrá buena parte que ver en ello. Preparémonos para disfrutar.


Si bien ya hacía tiempo que este chaval atraía las miradas del mundo del automovilismo hacia las categorias inferiores en las que estaba, ya se podría decir que Jaime Alguersuari es el futuro (yo incluso diría que inmediato) de la Fórmula 1.
El catalán se suma a una lista de nuevos talentos que, cada vez más jóvenes dan al salto a la máxima categoría y compiten al más alto nivel contra pilotos consagrados. He ahí el caso del favorito para ganar el mundial Lewis Hamilton, de pilotos que ya han demostrado que con un coche ganador pueden aspirar a todo como Robert Kubica o Sebastian Vettel (ambos ya saben lo que es ganar en F1, siendo éste último el ganador más joven de un Gran Premio y con el hándicap de conducir uno de los troncos de la parrilla, bajo un aguacero y en un escenario mítico), y otros que tienen talento, pero no posibilidades de demostrarlo como Rosberg o Adrian Sutil. Junto a ellos, otros que pronto darán el salto de GP2 (Senna, Buemi y compañía). Con este panorama, el futuro de la F1 se presenta apasionante y más con las nuevas reglas que la FIA pretende implantar para mejorar el espectáculo e igualar el rendimiento de los monoplazas. No puedo esperar a verlos en acción.