Ya está confirmado. Nadie quiere ganar el Mundial de Fórmula 1. Sólo así se puede explicar que con 16 carreras disputadas el primero tenga sólo 84 puntos sobre 160 posibles y que en los momentos clave de la temporada, los favoritos den espectáculos como el de Singapur hace dos semanas o el de hoy en el monte Fuji.
Y aunque así como lo cuento puede parecer algo malo, nada más lejos de la realidad. Este campeonato está resultando realmente espectacular, realmente sorprendente e inesperado. Cuando en los últimos años la carrera casi se decidía el sábado, hoy hacer la pole casi significa no ganar la carrera (desde Valencia nadie hace doblete, si no me falla la memoria). Los parecidos con la pasada temporada son evidentes y vivir un fin de fiesta como el del año pasado sería un broche de oro (del de muchos kilates) a esta temporada que, como digo, está resultando magnífica.
De nuevo 3 candidatos, los dos primeros peleándose toda la temporada como principales candidatos, pero fallando más que una escopeta de feria, y uno tercero (este año es Kubica) que, a la chita callando, ha ido puntuando en la gran mayoría de las carreras y se presenta a 14 puntos (el año pasado Raikkonen estaba a 18 a falta de dos carreras) pero puede dar la campanada si por delante siguen comientiendo errores infantiles.
Hamilton podría perder de nuevo un campeonato que tiene a huevo por querer ganar todas la carreras y todos los duelos. El recital que ha dado hoy de falta de sangre fría ha sido de libro. Por suerte para él, sólo le ha costado 2 puntos de su ventaja, pero no se puede ser tan insensato como para hacer lo que ha hecho en las 2 primeras vueltas. Está claro que el accidente fue culpa de Massa, pero era totalmente innecesario el adelantamiento en la chicane, por no hablar de cómo iba como un loco a desdoblarse de Alonso en la última vuelta. A este chico puede matarlo su falta de cabeza, porque posiblemente tenga las mejores manos. Pero eso no siempre es suficiente.
Y es que esa imagen de Hamilton yendo con uñas y dientes a por Alonso inútilmente, refleja claramente la diferencia entre Alonso y el resto de los grandes (no sólo Hamilton, también se aplica a Raikkonen y Massa). No soy alonsista ni antialonsista ni ninguna chorrada de esas que se inventan en los foros deportivos para poder tirarse mierda (deporte nacional) unos a otros, simplemente me gusta la Fórmula 1 y, visto lo visto, el asturiano es el único capaz de sacar la calculadora y pensar con cabeza en los momentos necesarios.
Y así las cosas, estamos en una espiral dónde cualquiera puede ganar carreras pero ninguno de los que las tienen que ganar parecen querer hacerlo. Si los fallos y no la habilidad son las que nos traen espectáculo, benditos sean. Aceptaremos pulpo como animal de compañía.


Ferrari no es lo que era. Hace unos años, ver el despropósito que hoy protagonizaron en el box del Marina Bay Street Circuit sería algo inimaginable, pero si nos olvidamos de la espectacularidad del suceso, ya a pocos ha sorprendido que Ferrari haya tirado una carrera por un fallo tonto.